Coronavirus y Geopolítica: La amenaza a la que se enfrenta el mundo

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El 2020 no ha hecho más que empezar y ya se antoja como uno de los años más difíciles desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. El mundo atraviesa una crisis tan inesperada como disruptiva, con gigantescas consecuencias sociales, económicas y políticas. La mayoría de los Estados luchan hoy contra una amenaza que se propaga exponencialmente y pone en riesgo al conjunto de su población. Hablamos de una guerra a nivel mundial contra un ente invisible: una guerra contra un virus.

La crisis del coronavirus será, sin duda, un momento definitorio en la historia contemporánea. Nuestra forma de vida tal y como la conocíamos cambiará por un tiempo considerable. Veremos fábricas cerradas, aviones en tierra y rascacielos de oficinas vacíos; fronteras que reaparecen, esperas en supermercados, hospitales saturados y millones de reuniones online. Padeceremos una importante pérdida de vidas, y códigos sociales como abrazarse o darse la mano desaparecerán temporalmente de nuestras costumbres. No hay duda de que nos sobrepondremos a este trance, pero sus consecuencias pueden acabar siendo tan relevantes como las que derivarían de una combinación de los atentados del 11-S, la Gran Recesión y la epidemia de ébola. Habrá cambios que se revertirán, tendencias globales que se agudizarán y una honda sensación de vértigo nos invadirá a todos. La crisis del Covid-19 ha puesto a Occidente frente al espejo. Y, sorprendentemente, nos hemos dado cuenta de que la imagen que tenemos de nosotros mismos puede estar distorsionada. La crisis será una enorme prueba: la eficacia en su gestión puede agudizar o frenar el actual proceso de des-occidentalización del mundo. Esta situación por la que estamos viviendo, pondrá en jaque a la globalización y puede cambiar las coordenadas del sistema global y evidentemente de las relaciones internacionales.

No hay que dar a Europa por vencida

Europa, hoy el principal foco de la infección, afronta la crisis desde la fragilidad. Sus habituales divisiones juegan en su contra y cuenta con una población notablemente envejecida, el grupo de mayor riesgo. Ahora bien, nunca hay que subestimar al Viejo Continente. Europa puede reivindicarse y reposicionarse en el mundo ante este grave episodio. Tiene las herramientas para hacerlo. Sus Estados son potentes maquinarias de políticas públicas, los europeos disfrutamos de los mejores sistemas sanitarios universales del planeta y hemos construido el mayor entramado de acción supranacional que se haya conocido: la Unión Europea. Una pandemia global requiere capacidad de resistencia, coordinación y acción pública, y nosotros hemos demostrado sobradas destrezas en estos campos.

Fuente:https://www.huffingtonpost.es/entry/las-consecuencias-geopoliticas-de-la-crisis-del-coronavirus_es_5e6fa07ac5b6eab77939b62d

Los viejos Estados-nación del continente europeo están despertando, lenta pero implacablemente, poniendo en marcha importantes paquetes de estímulo fiscal. Por su parte, el Banco Central Europeo, después de un titubeante y azaroso inicio, ha decidido desempeñar su papel activando un amplio plan de adquisición de activos que salvaguardará la deuda pública y garantizará la liquidez. Ahora es necesario operativizar el estímulo también a nivel comunitario y construir verdaderos instrumentos fiscales europeos, la gran asignatura pendiente. El riesgo es que volvamos a enredarnos en obsesiones ordo-liberales que pongan de nuevo a la luz las deficiencias del diseño institucional de la moneda única. Esperemos haber tomado nota y aplicar las lecciones extraídas de la larga y dolorosa última recesión.

Nuevo orden emergente

Las relaciones transatlánticas también están sufriendo un nuevo golpe con esta crisis. Con Donald Trump en fase de negación hasta hace bien poco y con la posterior prohibición unilateral de vuelos comerciales con la UE, Estados Unidos ha sacado a relucir un aislacionismo agresivo. Y habrá que estar muy atentos a lo que suceda en la otrora indiscutible superpotencia mundial. Todo ello en año electoral. Eso sí, EEUU cuenta con un activo incalculable: la proactividad de la Reserva Federal y la fortaleza del dólar. China, sin embargo, parece estar intentando encarnar los valores en los que históricamente se ha autoreferenciado Occidente: comunitarismo, solidaridad y cooperación. El envío de personal médico y la donación de material para la prevención y lucha contra el coronavirus no solo es un acto de solidaridad, sino un ejercicio geopolítico: China tiende la mano a un Occidente que atraviesa graves problemas. No es simple altruismo, es la voluntad de ejercer de ascendente hegemónico y aprovechar el enorme vacío que está dejando EEUU. La potencia asiática está decidida a ganar peso y centralidad en la nueva articulación de un sistema global tradicionalmente organizado alrededor de la alianza atlántica. Sin duda, todo un reto para el orden mundial, pues el modelo chino, si bien ha demostrado efectividad y una disciplina social que ha favorecido la gestión de esta crisis, continúa tensionando nuestra visión democrática de la gobernanza. Con todo, la crisis podría abrir la puerta a una nueva relación, propia, de Europa con China. ¿No sería eso ejercer la autonomía estratégica que se le reclama a la UE?

Al mismo tiempo, la globalización ha quedado expuesta y cuestionada y existe la certeza de que lo que venga después ya no responderá a las lógicas del mercado global vistas hasta ahora. Esta crisis va a redibujar las fronteras del Estado y del mercado en las democracias, probablemente empujando hacia una cierta relocalización industrial para asegurar el abastecimiento y las cadenas de producción, así como el retorno a propuestas nacionales frente a sistemas de coordinación internacionales. ¿Pero no podría empujarnos, también, hacia mayores y mejores instituciones de gobernanza internacional ante los más que evidentes riesgos y retos compartidos por el conjunto de la humanidad?

Fuente:https://www.dinero.com/internacional/articulo/alianza-china–rusia-que-implicaciones-tiene-para-latinoamerica/273320

El coronavirus nos ha puesto contra las cuerdas y frente al espejo. Sin embargo, debemos seguir defendiendo un mundo basado en normas, abierto y conectado, preservar el multilateralismo y conseguir una verdadera globalización solidaria y responsable que disponga de mecanismos de control y compensación que aseguren una respuesta conjunta ante crisis de este calibre. En buena medida, la forma en la que salgamos de esta crisis determinará nuestra capacidad para afrontar las siguientes.

La huella del Coronavirus en la salud y en la economía a nivel mundial ya es profundo e irreversible. También lo será en las relaciones entre naciones, el papel de las grandes potencias, las distintas configuraciones regionales y como tal el rol de las instituciones cambiaran tras la crisis sanitaria. El mundo experimentará cambios geopolíticos mayúsculos una vez sea superada la crisis del Coronavirus. Las debilidades de Estados Unidos y las potencias occidentales han sido expuestas y serán aprovechadas por sus adversarios. América Latina corre el peligro de atravesar una década perdida sumida en conflictos sociales y bajo crecimiento económico. Lejos de superada la crisis del COVID-19 se comienzan a vislumbrar algunos de sus efectos sobre la política y la economía global en el largo plazo.  El orden mundial unipolar establecido al final de la guerra fría estaba destinado a cambiar. Sin embargo, su resiliencia a los golpes es de destacar. El primero fue el asalto a la credibilidad tras la invasión a Irak en 2003, que reveló la debilidad de la ONU para contener una guerra planteada contra Sadam Hussein. El segundo golpe fue la crisis financiera global de 2008 que demostró la vulnerabilidad del sistema financiero global al riesgo moral y la codicia alimentada por incentivos perversos. El tercero es el COVID-19 que ha detenido al mundo, y pone en evidencia la inhabilidad de los líderes políticos de llegar a consensos y actuar con rapidez para salvar las vidas de sus ciudadanos

¿Cuál es el impacto económico del coronavirus y cuáles las respuestas de política económica que exige esta situación sin precedentes?

Todavía es pronto para saber cuál será el impacto económico de la pandemia global del COVID-19. La clave estará en si el virus puede controlarse a lo largo del segundo trimestre del año o si, por el contrario, sus efectos serán más duraderos y vienen acompañados de complicaciones económicas adicionales, sobre todo en el sector financiero. En el primer caso estaríamos ante un impacto suave, en forma de “V”, que tan solo restaría algunas décimas de crecimiento a la producción global. En el segundo, la situación podría ser mucho más complicada, al plantear un recorte a la mitad (hasta el 1,5%) del crecimiento mundial en 2020 en el escenario más adverso, que todavía puede ser revisado a la baja y que cada vez parece más plausible.

Fuente: https://www.expansion.com/economia/2020/02/24/5e540d67e5fdea17078b463d.html

Hasta el momento, las noticias económicas en relación al virus se han centrado en la espectacular caída de las bolsas y en los apresurados análisis acerca de su impacto macroeconómico, que necesariamente tienen un alto componente especulativo porque la situación actual es de incertidumbre radical. Aquí hay poco que añadir: los mercados financieros exhiben comportamientos de rebaño y el miedo genera ventas en cascada, huida hacia activos seguros como el oro o la deuda estadounidense, apreciación del dólar y caída del precio del petróleo y otras materias primas. Pero si los contagios se controlan o se toman medidas que contribuyan a aumentar la confianza podríamos ver movimientos en sentido contrario, por lo que, de momento, hay que prepararse para semanas de alta volatilidad. En cuanto al impacto negativo sobre el crecimiento, ya podemos decir que, desgraciadamente, y aunque termine por ser en forma de “V” y no de “U” se dejará sentir bastante. El posible futuro rebote no podrá compensar toda la caída de la actividad que ya estamos viendo y cada vez parece más claro que la fase más crítica será más larga de lo inicialmente previsto. El epicentro del virus se ha mudado de oriente a occidente. Originó en China cuyo gobierno rápidamente suprimió y censuró información sobre el virus, lo cual permitió su rápida propagación no solamente en la provincia de Hubei, sino globalmente. Luego pasó a Europa, en donde no hubo consenso oportuno sobre las medidas apropiadas para contener su expansión antes que su propagación a la población fuera inevitable. Ahora el epicentro se encuentra en EE.UU., que ha claudicado su posición de liderazgo global y se ha sumido en el aislamiento geopolítico. Como era de esperar, el frenazo se notará primero en China –origen de la epidemia– y será fuerte, con el enorme efecto arrastre que tiene sobre sus vecinos (y más allá) debido al papel clave que el gigante asiático juega tanto como proveedor de bienes intermedios como finales a todo el mundo (China es origen del 12% de las exportaciones mundiales, cuatro veces más que hace 15 años). En la UE, EEUU y otros países, probablemente el impacto económico se sentirá más tarde (en el segundo y tercer trimestre de 2020), y lo hará de forma desigual. Es muy posible que Italia (y tal vez Alemania) entren en recesión y habrá que ver cuál es el impacto sobre las economías que, como la española, estaban creciendo con mayor fuerza aunque son más dependientes del turismo, que se verá muy afectado. En todo caso, el efecto económico final dependerá de la efectividad de las medidas de contención (cuarentenas, restricciones a la movilidad y cierre o cancelación de aglomeraciones y eventos públicos), la difícil gestión del miedo ciudadano y los efectos de las medidas fiscales y monetarias que se vayan tomando. De especial relevancia será evitar problemas serios de estabilidad financiera e insolvencia empresarial –en particular de restricciones de créditos a empresas y aumento de los costes de financiación de los países– como los vividos durante la crisis del euro o las distintas crisis de países emergentes en las últimas décadas. Por último, la colaboración y responsabilidad ciudadana podrá contribuir a reducir el impacto de la pandemia mientras que negarla, saldrá caro.

Mientras tanto, el sistema político y económico de Europa se ha quedado corto ante el virus. La Unión Europea ha quedado resquebrajada luego del latigazo propiciado por el Brexit, pero también abundan los problemas políticos que aquejan internamente a los países, y desde luego la infatigable deliberación que por diseño impide la acción rápida. Todo esto obstaculiza que Europa tenga un rumbo claro y logre proyectar su poder hacia afuera EE.UU., por su parte, ha acelerado su declive durante la administración Trump. El liderazgo estadunidense se ha retraído cuando es más necesario. La gran potencia muestra poco interés en implementar medidas estrictas que puedan traer represalias económicas, y menos aún en ayudar a países más vulnerables a lidiar con la catástrofe que se avecina. El aislamiento de EE.UU. en este momento crítico hará gran daño a su imagen y a la credibilidad de su gobierno en ser un actor benévolo y desinteresado a nivel global.  Latinoamérica también cambiará en cuanto la evolución del virus demuestre la debilidad de las instituciones de países avasallados por la crisis de salud. La vulnerabilidad de algunos gobiernos, como Bolivia, Nicaragua, Honduras, Guyana, Surinam y Venezuela será evidente en cuestión de semanas cuando los gobiernos no tengan la capacidad de abastecer a sus ciudadanos.

En definitiva, los gobiernos se enfrentan a una difícil disyuntiva entre parar la actividad económica o parar la pandemia. Cuanto antes se impongan medidas severas para frenar la expansión del virus y más drásticas sean, mayor será el impacto económico a corto plazo, pero más rápida puede ser la contención de la pandemia. Las medidas de contención de los contagios como las restricciones a la movilidad o las cuarentenas, tendrán que imponerse en todo caso (en el límite, cuando colapse el sistema sanitario, e idealmente, antes). Pase lo que pase, el impacto económico en el segundo trimestre de 2020 en Europa será severo, pero todavía es posible que la recuperación será relativamente rápida si el frenazo no dura demasiados meses, lo que requiere una respuesta de política económica –tanto fiscal como monetaria– fuerte y el suficiente liderazgo y coordinación políticas para frenar el miedo de la ciudadanía. Además, las sociedades más cohesionadas y cívicas serán capaces de afrontar mejor el reto porque durante los próximos meses un individualismo exagerado puede conducir al desastre. Por último, esta crisis nos muestra algunos de los riesgos tanto de la hiper-globalización como de tener una Unión Económica y Monetaria incompleta y una UE insuficientemente integrada desde el punto de vista político. Es, por tanto, una nueva llamada de atención para los europeos.

El coronavirus es una crisis global equiparable a la crisis financiera de 2008 pero se produce en un contexto de unas políticas nacionales e internacionales mucho más disfuncionales. La división y la debilidad del orden geopolítico reflejan una realidad completamente diferente de ninguna crisis global que hayamos experimentado en décadas recientes China es la segunda economía del mundo —entonces era la tercera— y su principal exportador. Pero la guerra que libra en los últimos años con Estados Unidos por el dominio tecnológico y comercial global no se ha frenado por la crisis sanitaria. Los reproches sobre el origen del virus —“lo llamo el virus chino porque se originó en China”, insiste una y otra vez el presidente de EE UU, Donald Trump— y las teorías de la conspiración — En la historia hay sucesos que, por su virulencia y magnitud, marcan el inicio y el fin de una época. La pandemia del coronavirus tiene el potencial para hacer temblar los cimientos del actual orden internacional. La infección, apuntan los científicos, será finalmente vencida, pero los expertos coinciden en que el mundo no volverá a ser como lo conocemos. 

El mundo después de esta emergencia global, provocada por el covid-19, cambiará la geopolítica mundial. La globalización y las organizaciones internacionales podrían quedar muy golpeadas.

La pandemia tendrá importantes implicaciones geopolíticas que todavía son difíciles de anticipar. Aún no sabemos si el Covid-19 reforzará o debilitará a China. Su aparente efectiva respuesta a la pandemia (que está por confirmar) podría darle alas al Gobierno, pero si la economía se frena o si se descubre que su gestión de la crisis no ha sido tan exitosa, podría pasar lo contrario. Por otra parte, la crisis económica derivada de la pandemia podría poner en jaque la sostenibilidad de la deuda pública y privada en algunos países emergentes que están experimentando fuertes salidas de capital y depreciaciones de sus monedas, con el consiguiente impacto político y social. Por último, si el precio del petróleo se mantiene bajo por la caída de la demanda, habría una importante transferencia de rentas desde los países productores a los consumidores (entre ellos España), así como importantes problemas económicos para algunos países exportadores que ya se encuentran en situaciones de vulnerabilidad.

El planeta está paralizado. Lo que hace unos meses parecía un problema sanitario en una remota ciudad china se convirtió en una inédita crisis de salud que tiene al mundo en vilo. El covid-19, el virus que preocupa por su rápido contagio y que aún no tiene tratamiento, obligó a todos los países a reaccionar con premura para evitar que la situación escale y frenar una gran tragedia humanitaria. En unas pocas semanas, han llegado consecuencias mayúsculas: países aislados, miles de eventos suspendidos en todos los continentes y medios de comunicación colmados por un solo tema, el nuevo coronavirus. El engranaje social y económico, propio del proceso de globalización del siglo XX que permanece hasta hoy, tambalea por cuenta de un virus

El asunto ha sacudido a todo el sistema. Las bolsas se desestabilizaron y algunas están en caída libre. El turismo también entró en sus horas más bajas. Lugares emblemáticos comoMachu Picchu o las pirámides de Egipto, que reciben normalmente a miles de visitantes al día, se alinearon con las medidas de seguridad y cerraron sus puertas. Los supermercados, ante el pánico generalizado por un hipotético desabastecimiento, ahora muestran estantes vacíos. Ante la alerta mundial, lo que el capitalismo logró naturalizar se ha mostrado frágil, y algunos ya lo empiezan a considerar inviable.

Las estimaciones acerca de cuánto durará la crisis sanitaria son inciertas. Las más optimistas dan el asunto por resuelto en mayo. Las menos optimistas, dicen que la situación se extenderá por los próximos dos años. Pero así se controle la pandemia en unas cuantas semanas, el episodio cambiará al mundo para siempre. El coronavirus es una crisis global equiparable a la crisis financiera de 2008 pero se produce en un contexto de unas políticas nacionales e internacionales mucho más disfuncionales” La división y la debilidad del orden geopolítico reflejan una realidad completamente diferente de ninguna crisis global que hayamos experimentado en décadas recientes China es la segunda economía del mundo —entonces era la tercera— y su principal exportador. Pero la guerra que libra en los últimos años con Estados Unidos por el dominio tecnológico y comercial global no se ha frenado por la crisis sanitaria. Los reproches sobre el origen del virus —“lo llamo el virus chino porque se originó en China”, insiste una y otra vez el presidente de EE UU, Donald Trump— y las teorías de la conspiración —China aseguró que fueron soldados estadounidenses los que llevaron el virus al país— no se han hecho esperar. Es más, Pekín ha decidido aprovechar la crisis para lanzarse a una intensa campaña de cortejo diplomático con la entrega a distintos países de mascarillas y otros materiales sanitarios imprescindibles para combatir la pandemia.

Fuente: https://cnnespanol.cnn.com/video/estados-unidos-despliegue-guardia-nacional-coronavirus-sot-donald-trump/

¿El fin de la globalización?

La globalización ha sido una fuerza poderosa que impacta a las economías y a las sociedades de todo el mundo, pero podría estar condenada al fracaso. Como no sucedía desde la Segunda Guerra Mundial,la crisis sanitaria unió a la comunidad internacional alrededor de un tema común. En su momento, cuando el virus salió de China, Occidente reclamó transparencia en la información algo clave para conocer la magnitud de la amenaza y enfrentarla. Los gobernantes, incluso los más recelosos como el chino Xi Jinpingy el ruso Vladímir Putin, han reconocido que para terminar con la pandemia hay que publicar los datos relacionados con el virus, y han seguido, con mayor o menor acierto, las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS)El fin de la globalización podría conducir al aumento de la pobreza y conflictos civiles, según la Oficina Nacional de Investigación Económica de EE.UU. La sintonía entre los países para controlar la emergencia invita a pensar que, al terminar la crisis, las instituciones y organismos internacionales saldrán favorecidos, al remontar la complicada situación que vivían algunos, como la Unión Europea tras el brexit.  Así lo pienso yo, que con “la rapidez con que la crisis se convirtió en algo global y la certeza de que el sufrimiento sanitario, social y económico en general potenciará el multi-lateralismo”. Debemos ser conscientes, que, “una señal positiva es la posibilidad de que la Unión Europea lance eurobonos, una medida para que todos los Estados miembro compartan el riesgo y se vean respaldados a la hora de tomar medidas”.

Mi percepción es que esta crisis del coronavirus puede ser un gran punto de inflexión, como en su momento fueron Bretton Woods, en 1944, o la desaparición de la Unión Soviética, en 1991, y que puede imponer un nuevo orden económico mundial que se traduciría en un nuevo orden de poder. Tanto Estados Unidos como China están intentando mover sus fichas. En el primer caso, para mantener su hegemonía, y en el segundo, para seguir adelante con esa carrera para desbancar a Washington. Ahora mismo parece que China, epicentro de la pandemia, se está recuperando y no sólo eso, sino que está mandando mensajes de solidaridad a países europeos como Italia o España, a donde ha empezado incluso a mandar material sanitario. Esto puede interpretarse como una señal que indica que está acelerando ese proceso de adelantar a Estados Unidos. Desde el punto de vista europeo, una vez más, vamos a ser los grandes perdedores de este tipo de situaciones. Esto nos va a costar un sufrimiento grande, un sufrimiento que va mucho más allá del sanitario, porque el impacto económico puede ser terrible si esto se prolonga dos o tres meses

No cabe duda de que el respaldo internacional ha logrado reducir la dispersión del virus. Seguramente, la alianza entre Estados termine por neutralizar la pandemia, y científicos de varias nacionalidades aportarán para conseguir la cura del covid-19. Pero mientras unos ondean la bandera del multilateralismo y la globalización, otros dicen que este modelo, al abrir las puertas del mundo de par en par, causó el problema. Muchos expertos han empezado a advertir que así será, y esto daría pie a múltiples posibilidades, desde el reforzamiento de las economías locales para depender menos del resto del mundo hasta el impulso de Gobiernos nacionalistas. Hasta los más acérrimos defensores del sistema neoliberal tomarán medidas. También creo que, “Al sistema global de economías de escala lo reemplazará un sistema global de desacoplamiento. Los países van a intentar cambiar la cadena de producción y diversificar sus mercados para no depender de uno solo. La economía sería menos vulnerable, pero la producción más cara”.  Tenemos que ser conscientes de que “la gente deberá tomar decisiones. Si una empresa tiene fábricas en todo el mundo y no en un solo país, los productos pueden ser más caros. La adaptación del sistema liberal tiene un costo”.

Este golpe al modelo también planteará un desafío para el sistema capitalista a menor escala. El temor a perder las certezas de un día para otro podría reformar el sistema de raíz. También me gustaría remarcar que “no ha existido una emergencia sanitaria semejante a escala global que llevara a cortar los intensos flujos materiales que entraña la globalización. Es, por supuesto, mucho peor para las personas que viven del día a día, como comerciantes y trabajadores autónomos, para quienes un día sin trabajo es muchas veces un día sin comer”. Pero el asunto está en que el refuerzo de la economía local vendría acompañado de otros rezagos de la crisis, que podrían desatar una ola nacionalista e independentista en muchas partes del mundo.

En este sentido, aunque resulte paradójico, la comunión internacional alrededor de la crisis sanitaria podría desatar el unila-teralismo en Occidente. Estados Unidos, que bajo el mandato de Donald Trump ya venía deteriorando voluntariamente su relación con la Unión Europea, ahora podría justificar esa política con más facilidad. El desmesurado crecimiento de la epidemia en Europa sería la excusa perfecta para deslegitimar los principios fundacionales liberales de la comunidad al señalarlos de artífices de la propagación del virus en el resto del mundo. Hay que recordad que las organizaciones internacionales y alianzas multilaterales ya atravesaban esta profunda crisis. “El equilibrio entre las grandes potencias no será impactado directamente. Pero el sistema multilateral, casi agonizante, no se levantará de esta crisis. La organización mundial, si podemos llamarla ‘organización’, se parecerá quizás al sistema que hubo entre las dos guerras mundiales. Es decir, un gran desorden en el que las relaciones entre potencias se llevará a cabo de manera bilateral. Las alianzas de ayer no tendrán mucho valor, y si la crisis dura un año, la mayoría de los sistemas democráticos podría declinar para provecho de los regímenes autoritarios”. “El miedo, decía Hobbes, tiene como objetivo apartarnos de algo. En este caso, el miedo al coronavirus aísla, separa. Se está perdiendo una oportunidad de oro para reforzar la globalización y afianzar el apoyo internacional. Haber consensuado desde el primer minuto una política de cooperación uniforme habría sido lo ideal”. La emergencia sanitaria ha llevado a millones de personas a lidiar con un panorama inéditoEn 2020 parecería una locura que más de la mitad de los estudiantes del mundo no vayan a clase, o que países del primer mundo como España e Italia estén confinados en casa. Pero esta inesperada alteración del orden natural, e interiorizado, del sistema global también ha advertido sobre otras realidades ignoradas. Por supuesto, la más evidente tiene que ver con el sistema de salud. Debido a la peligrosa avanzada del virus en el mundo, las garantías en esta materia pasaron a un primer plano. Italia, en su momento desbordado por la epidemia, demostró esta urgencia.  Debido a esta crisis, “Podremos anticipar inversiones más importantes en la salud y, quizás, una contribución más importante del sector privado en los sistemas de salud públicos actuales. Además, el desarrollo y la promoción de la telemedicina deberían ser facilitados por los beneficios que van a sacarse de la medicina a distancia durante esta crisis”. Con lo cual, debemos ser conscientes que “la robotización se acelerará para depender menos de los individuos que podrían estar enfermos o incapaces de ir a trabajar”. Y de esta manera “se reforzará la salud con nuevos enfoques, más centrados en las soluciones locales, y en la prevención y en la construcción de ambientes saludables”.

Fuente: https://actualidad.rt.com/actualidad/187321-fin-globalizacion-vista-escalofriante-mundo

Y no hay que descartar también, una nueva crisis sanitaria global en el corto plazo, por lo que “es necesario construir un nuevo sistema. Se pueden desarrollar certificaciones sanitarias estrictas en las empresas para que podamos estar seguros de que todo el mundo respeta reglas básicas que deben ser integradas en el proceso de producción”. La predecible búsqueda de una mejora en temas de salud abre la posibilidad de que este reclamo se expanda a otros terrenos, y el estado de confinamiento se ha convertido en el laboratorio perfecto para que aparezcan estas nuevas inquietudes.

La mejora de la calidad del aire y del medioambiente en las zonas sometidas a la cuarentena puso de manifiesto, por si hacía falta, que el modelo consumista no hace más que destruir los territorios. Además, la reducción del tráfico vehicular, que también aporta a la contaminación, hace pensar a muchos en que las ciudades, después de todos estos años de crecimiento, podrían ir en la dirección equivocada. En España, “Muchos ciudadanos confinados estamos experimentado la posibilidad de llevar una vida digna y apacible, saliendo una vez al día a comprar el pan y artículos de primera necesidad. Estamos descubriendo que el modelo de consumo que llevábamos no implicaba necesariamente un incremento altamente manifiesto de nuestro bienestar. Nos estábamos centrando mucho en el papel de los líderes mundiales, pero los que realmente tienen la posibilidad de modificar el sistema son los ciudadanos. Al salir del confinamiento se recuperarán los espacios públicos como lugares de encuentro, ya no serán solo carriles de tránsito”. En todo caso, las respuestas definitivas a estas preguntas aún están por llegar. No hay eventos en la historia reciente comparables con esta emergencia. Nadie sabe todavía cómo responderán los mercados a la crisis, y sectores como el de la oferta cultural han demostrado ser un atributo descartable en tiempos difíciles. Habrá que ver si, al erradicar la pandemia, los engranajes del mundo globalizado vuelven a ponerse en marcha como si nada. Pero con cada día que pasa, esta posibilidad se hace más remota. Esta crisis ha cambiado el mundo, tal y como lo conocíamos, veremos a donde nos lleva. Para finalizar esta conferencia me gustaría hacer llegar mi apoyo y reconocimiento a los héroes de esta guerra biológica a la que nos enfrentamos, a los sanitarios, a la Seguridad Privada, a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y a las Fuerzas Armadas por el gran trabajo que estáis realizando. También mi recuerdo y oración por todos aquellos miles de españoles que han muerto en esta pandemia y por sus familias.

David Odalric de Caixal i Mata: Historiador Militar, experto en Geoestrategia Internacional y Terrorismo Yihadista. Director del Área de Seguridad y Defensa de INISEG (Instituto Internacional de Estudios en Seguridad Nacional). Director del Observatorio contra la Amenaza Terrorista y la Radicalización Yihadista (OCATRY). Asesor en Seguridad y Defensa en HERTA SECURITY. Director de OSI INTELLIGENCE (Occidental Studies Institute-USA) Membership research projects in support of Veterans of the Armed Forces of the United Kindom. Membership in support of the AUSA (Association of the United States Army)

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